Un Solo Pueblo: Una revalorización más allá de la farándula, desde la humildad y la seriedad

CULTURA08 de febrero de 2026 Jesús Querales

Entre cuentos
La verdad de la verdad

Un Solo Pueblo
Estimada comunidad,

Me dirijo a ustedes con el profundo respeto y la humildad que merece un tema fundamental para nuestra cultura. Es una reflexión que surge no desde la crítica fácil, sino desde el deseo de reencauzar la mirada sobre uno de los proyectos musicales más significativos de Venezuela: Un Solo Pueblo.

Durante décadas, el análisis público del grupo ha orbitado predominantemente en torno a una dimensión: la farandulera. Se ha hablado de éxitos en tarimas, de animación de bailes, de la popularidad de sus intérpretes y de dinámicas internas propias del espectáculo. Esta visión, aunque válida en parte, es profundamente reduccionista y, lo que es más grave, oculta la verdadera razón de ser, el alma y el aporte científico-cultural del proyecto.

Esa narrativa superficial fue, en gran medida, la que los medios comerciales –sellos discográficos y emisoras– perpetuaron, al enfatizar solo lo vendible, lo que generaba rating inmediato. Se destacó al “artista famoso” bajo parámetros de ego y popularidad, dejando en la penumbra el concepto fundacional, que fue una verdadera revolución silenciosa.

La génesis de Un Solo Pueblo, su motivo verdadero y único, fue una idea de una originalidad y humildad admirables: recorrer el país de manera sistemática para buscar, rescatar y documentar las expresiones musicales más auténticas y representativas de cada región, muchas de ellas completamente desconocidas para el grueso de los venezolanos. No se trataba de “encontrar material para canciones”, sino de un acto de reconocimiento y de investigación etnomusicológica aplicada.

El método fue lo que otorgó su carácter revolucionario. La decisión no fue la de “embellecer” o “arreglar” esas músicas con los instrumentos y estéticas urbanas de la época –un “maquillaje” que, en el fondo, reflejaba cierta vergüenza hacia lo rural–. Por el contrario, la intención fue interpretarlas de la misma manera en que lo hacían sus cultores naturales, utilizando sus instrumentos originales. Cantar las canciones tal cual, con su cadencia, su armonía y su espíritu intactos, fue un acto de respeto y valentía. En un contexto musical nacional que tendía a la homogenización, esto resultó ser tremendamente original y novedoso. Fue un acto de devolución al pueblo, en su propia voz.

Es innegable que la calidad vocal y el genio musical de quienes integraron el grupo en sus distintas etapas fueron un vehículo poderoso para la proyección masiva de este trabajo. Sin embargo, es crucial entender una ecuación lógica: sin aquellos conceptos fundacionales de investigación, rescate y respeto interpretativo, jamás se hubiera generado ese sonido original y novedoso que, precisamente, cautivó al público. La belleza del canto fue el cómo; la riqueza del patrimonio rescatado fue el qué y el porqué.

Con su estrategia y estilo propio, Un Solo Pueblo logró una hazaña pedagógica monumental: le demostró al venezolano que su propia música, en su estado más puro, tenía la fuerza, la complejidad y la dignidad para competir –y brillar– en los medios de comunicación al lado de cualquier género foráneo. Elevó lo autóctono a un pedestal de orgullo, no por imposición, sino por mérito artístico propio.

Los principios espirituales de este proyecto nunca han girado en torno a una competencia vanal entre cantantes o a comparaciones estériles sobre quién interpretó mejor un tema. Reside, más bien, en el legado colectivo y en la misión continua. Es doloroso observar que, a menudo, lo que más se copió y replicó fue justamente la faceta más superficial: la de la agrupación exitosa en escenarios. Muchos que pasaron por el grupo y luego emprendieron caminos propios, replicaron la fórmula escénica, pero muy pocos continuaron o profundizaron el aporte investigativo, de rescate y documentación que es la verdadera columna vertebral.

Hoy, a más de 50 años de su fundación, el trabajo de Un Solo Pueblo es más necesario que nunca. Se requiere, con humildad y respeto, una nueva generación de músicos-investigadores que tome la posta. No se trata solo de repetir un repertorio consagrado, sino de continuar con esa labor de campo, de actualizar el sonido sin traicionar su esencia, de permitir la necesaria internacionalización de nuestra música desde una plataforma de autenticidad, y de enriquecer, con las joyas de nuestro folklore, el repertorio musical universal.

Estoy convencido de que a Un Solo Pueblo le corresponde, ahora, la tarea histórica de refrescar el sonido de la música venezolana desde sus raíces, demostrando una vez más que la verdadera innovación no viene de lo foráneo impuesto, sino de la profundización honesta y amorosa en lo propio.

Con seriedad y contundencia, reivindiquemos a Un Solo Pueblo por lo que realmente es y ha sido: un proyecto de investigación-acción musical, un archivo sonoro en movimiento y el más ferviente defensor de la identidad musical venezolana. Su valor va mucho más allá de la tarima; reside en el alma sonora de nuestro territorio.

Con respeto,

Jesús Querales 
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