
Perdón
Dick Elías Torres CNP 4691
Solo Hugo Chávez en la madrugada del 14 de abril de 2002 y Jorge Rodríguez el pasado jueves en el Palacio Legislativo han esgrimido la palabra perdón en estos 27 años de “revolución bolivariana”.
Los contextos son muy distintos. El comandante regresaba a Miraflores después de su breve derrocamiento como un triunfador. El exitoso retorno al poder consolidó su imagen de líder imbatible respaldado tanto por la fuerza popular como por el peso de una institucionalidad aún existente en aquella Venezuela de inicios de siglo.
Veinticuatro años después, el presidente de la Asamblea se propone junto con su hermana Delcy la tarea de evitar el desplome del régimen que Chávez instaló.
Ahora -y Rodríguez lo sabe, él más que ella- el fervor popular desapareció hace rato al igual que cualquier atisbo de vida institucional, en el contexto de una tragedia sin precedentes, que lastima la historia de nuestra nación por el daño causado a la mayoría de los venezolanos por una minoría desalmada de venezolanos, más esta insólita situación de estar bajo la tutela de Washington, tras un par de décadas de gárgaras diarias de soberanía.
Rodríguez depende de su habilidad, que la tiene. De su oratoria, que puede ser hiriente o también, mientras envuelve las palabras, llevarse la mano al pecho como el jueves. Y calculador, porque se trata de compaginar un trabajo de contención interno en su propio ámbito donde, por ahora, nadie le tose, con la atención de las instrucciones externas, sin descuidar esa amalgama de partidos, varios judicializados, que ahora hacen vida en el parlamento. Nadie podrá negar que los Rodríguez están abocados plenamente a la tarea política de sobrevivir contra todo pronóstico.
Los alcances del perdón de Rodríguez, con la foto del líder máximo en aquella madrugada redentora, habrá que examinarlo paso a paso. El primero de esos pasos, el proyecto de ley de amnistía, que se aprobó en primera discusión sin que, como ha trascendido, los diputados lo tuvieran en sus manos, mientras circulaban diversas versiones. Hay que poner la vista en su exposición de motivos y en su articulado, en la calidad de su hechura y en su cobertura.
Nada debería detener las exigencias de la sociedad civil y del movimiento opositor para seguir exigiendo la libertad de todos los presos políticos - qué pasa con los dos centenares de militares encarcelados desde hace muchos años? ¿Qué pasa con los tres funcionarios de la Policía Metropolitana que llevan 23 años tras las rejas, ¿Y Superlano, y Perkins Rocha, y Juan Pablo Guanipa y Alviarez y Dignora Hernández?
De acuerdo a organizaciones de derechos humanos aún hay más de 600 presos políticos. ¿Sabremos algún día cuántas personas estaban en las cárceles del régimen?
Reconstruir la convivencia venezolana es una aspiración legítima y justa. Se perdió tiempo valiosísimo desde julio de 2024 cuando se debió iniciar la transición política con un liderazgo con apoyo amplísimo y en reconocimiento de la soberanía popular. La tarea hay que hacerla ahora en una situación muy compleja, que exige compromiso, sinceridad y claridad de objetivos para conquistar la libertad y la democracia.


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