Pudo haber sido el hombre más rico de la historia. Pero lo regaló todo para que tus hijos pudieran caminar. Salk renunció a una fortuna estimada en 7.000 millones de dólares. Hoy, su riqueza no está en un banco, sino en los millones de piernas que caminan y en un mundo que aprendió que la verdadera grandeza consiste en entregar lo que el mundo más necesita cuando más sufre.