El fuego es uno de los fenómenos naturales más fascinantes y, probablemente, uno de los más decisivos de la historia de la humanidad. Mucho antes de la aparición de la agricultura, las ciudades o la escritura, nuestros antepasados aprendieron a controlar una fuerza natural que transformaría profundamente la relación con su entorno. Este dominio no fue inmediato ni trivial: implicó observación, experimentación y la transmisión de conocimientos a lo largo de generaciones.