
¿Quién fue el primer emperador Romano?
El término emperador (en latín, la lengua de Roma: imperator, de la palabra imperium; poder para ordenar) tiene un origen militar; se llamaban de este modo a los jefes militares que habían obtenido una gran victoria. Era una especie de título de honor dado por las tropas, o por lo menos eso se suponía, en el campo de batalla. Todo comandante militar tenía, por serlo, lo que los romanos llamaban imperium, poder de mando, pero sólo aquel que era victorioso en una campaña era imperator, como si dijésemos:generalísimo, mariscal de campo o líder.
La salutatio imperatoria podia empezar como un canto en las barracas, después del combate, repetido por los centuriones y optios, hasta que era una delegación de los mismos se acercaba a la tienda del comandante; tribuno, legado o cónsul pidiéndole que aceptara la proclamación. Podía ser, también, que algún subordinado del general victorioso iniciara el movimiento. Y tampoco era inusual que corriese dinero o premios para desencadenarlo. Nunca, sin embargo, debía hacerlo de manera ostensible el propio vencedor; de hecho estaba bien visto afectar modestia y negarse; pretendiendo actuar bajo coacción. Ésto no era una simple artimaña o una completa falsedad; el ejército era, para los romanos, el pueblo en armas; el simbolo de su libertad por lo cual, después de haber luchado por Roma, el mismo pueblo tenía derecho a hacer oír su voz. Por otra parte, el líder del ejército, era el responsable por la victoria, al poseer la virtus; es decir la capacidad dada por los dioses de conducir al pueblo. Esta ideologia sustenta gran parte de las acciones políticas de los últimos tiempos de la República.
La proclamación como imperator tenía otras consecuencias. Marcaba el final de una campaña y hacía posible la celebración de la ceremonia conocida como Triunfo; es decir la entrada a Roma con las tropas, desarmadas por supuesto, el desfile de las mismas con el botín y los prisioneros, el sacrificio en el Capitolio y un espléndido banquete público. Como el triunfo lo decretaba el máximo órgano de gobierno; el Senado, a pedido del general, de su estado mayor o de un cónsul, haber sido proclamado imperator por las tropas daba más fuerza, fuerza popular, a la solicitud. El comandante con el título de imperator, tenía derecho a ser llamado como tal hasta el momento final del triunfo, cuando dejaba el mando, o sea el imperium.
Entre los comandantes que fueron saludados como imperatores se puede mencionar a Lucio Julio César, pariente del conquistador de las Galias, Cneo Pompeyo Magno, el máximo héroe militar de su tiempo, el propio Cayo Julio César quien lo obtuvo dos veces en 60 y en 45 antes de nuestra era, su supuesto hijo y asesino, Marco Junio Bruto, Lucio Antonio, el hermano menor de Marco Antonio y Germánico, el hijo sobrino de Tiberio, padre de Calígula y hermano de mi admirado Claudio.
Ahora bien, las conquistas de Roma desencadenaron dos hechos políticos de importancia, el segunso de ellos más evidente que el primero; el territorio dominado (que fue llamado Imperio no por el imperator, sino porque era donde se ejercía el mando, el imperium, de Roma) no podía ser gobernado con los mecanismos de una ciudad estado que era, básicamente, una república oligárquica y los generales victoriosos, imperatores o no, eran quienes tenían en sus manos el verdadero poder. La consecuencia de esta situación fue un estado de guerra civil crónica que duró dos generaciones (del 88 a.C. al 27 a.C.) y se resolvió con la victoria de Octavio, el sobrino y heredero de Julio César, quien hábilmente se hizo con el poder militar y político, sin anular las instituciones formales de la República.
Octavio se consideraba a sí mismo el restaurador de la República y el primero de los ciudadanos, o príncipe (princeps, de primum caput); de ahí que los historiadores llamemos a su régimen (y el de sus sucesores hasta Diocleciano) el Principado. Este titulo en su comienzos se le daba al senador más importante, por edad o por hazañas, que tenía prioridad en el uso de la palabra. Mas tarde fue un honor conferido a quien era el “primer servidor de la República” (Pompeyo fue llamado asi, por ejemplo) y en ese sentido se lo aplicó a Octavio.
Octavio nunca quiso ser proclamado dictador (la tradición romana consideraba imposible nombre rey a ningún ciudadano), ni asumió un título formal como jefe del estao. Ejerció varias de las magistraturas republicanas como cónsul, tribuno, pontifice o censor, pero su poder derivaba de su riqueza, sus lazos de parentesco y clientelismo y su personalidad. En cuanto tal fue llamado Augusto, nombre con el que lo conoce la posteridad y que viene a significar algo así como sagrado, venerable, en el sentido de alguien cuya influencia es benévola para la sociedad.
Entre tantos títulos y honores, Octavio Augusto, fue saludado como imperator varias veces (en este momento no recuerdo cuantas, pero la primera fue en 38 a. C.) y desde entonces imperator fue uno de los títulos dados al gobernante de Roma, pero sin dejar de ser (por un tiempo) también lo que era antes; la proclamación de un vencedor en el campo de batalla, si bien restringida a los miembros de la familia del príncipe (el caso de Germánico). Más tarde, cuando un general quiera obtener el mando supremo del estado, uno de sus primeros actos será hacerse proclamar imperator por las tropas.
El Imperio, como ya se ha dicho, era el conjunto de territorios, ciudades, reinos y tribus sobre los que Roma ejercía su poder. Emparentado con la palabra emperador, no fue durante la Antigüedad, como en la Edad Media, un derivado de ésta, ni presuponía un estado monárquico. De hecho, la traducción más correcta de Imperium Romanum no es Imperio Romano, sino Estado Romano. Del mismo modo, Emperador no era un título real, sino uno de los muchos asignados al gobernante de Estado Romano. Un honor que no todos los gobernantes recibieron formalmente, si bien progresivamente se convirtió en parte del nombre del soberano.
Es así que es complejo responder a la pregunta formulada: ¿Quién fue el primer emperador romano? (por cierto, romano es adjetivo y como tal se escribe con minúscula inicial). Si hablamos de emperador en el sentido romano, diriamos que Escipión Africano, el vencedor de Aníbal, o incluso el propio Rómulo, cuando derrotó a Akron, rey de Cenina. Si queremos referirnos al primer gobernante del Estado Romano después de la caída de la República (caida que no fue vista como tal) diremos que es Octavio Augusto. No obstante muchos historiadores, y entre ellos el romano del siglo II Suetonio, consideran a Julio César como el primer emperador en el segundo sentido.

El consenso, sin embargo, es que Augusto fue el primer emperador y data el comienzo de su “imperio” en el año 27 a.C. cuando, paradójicamente, devolvió el poder al Senado y el Pueblo Romano (Senātus Populusque Rōmānus SPQR), ya que el mero hecho de “devolver” implicaba su autoridad suprema.
Fuentes para la redacción de este texto: 1.- Hidalgo de la Vega, María José. El intelectual, la realeza y el poder político en el Imperio romano, Salamanca 1995. Mucho más de lo que dice su título.
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