
AQUI, AHORA: La estrechez de mira en tiempo de tragedia

La estrechez de mira de algunos en tiempo de tragedia, no extraña pero en nada opaca la grandeza de espíritu y la bondad solidaria del pueblo venezolano, a raiz de los dos devastadores terremotos del pasado 24 de junio.
Quienes han destrozado a Venezuela en lo que va de siglo XXI, se quieren mostrar inocentes desde las aceras de lo que genéricamente conocemos como «gobierno» y «oposición», cuyos más extremistas exponentes se han esmerado en prácticas reñidas con la moral en la función pública y en actividades comerciales privadas, que al unísono han saqueado al país, han abusado del poder o provocado violencia interna y bloqueos financieros y económicos asfixiantes contra su propio país, hasta provocar y solicitar la intervención militar del decadente imperio estadounidense del 3 de enero de 2026, «DÍA DE LA HUMILLACIÓN». Son los mismos cipayos coaligados que, ahora, pretenden «cantar como gallos», sin percatarse de que son vergüenza ante el mundo por su irresponsabilidad política y moral.
Así nos sorprendieron estos dos terribles terremotos y sus decenas de réplicas, para dolor, tristeza, muerte, sufrimiento y destrucción en las zonas más afectadas. Hay que recordárselo a los hipócritas de la politiquería venezolana, para que no nos sigan ofendiendo con sus asomos de usufructo sectario de esta gigantesca destrucción de vidas humanas, medios de vida y trabajo, como nunca antes, cuya real dimensión todavía desconocemos.
«Siempre he sido ajeno al morbo de la cuantificación mortuoria, pero en esta oportunidad golpea el sentido de la existencia misma, que ya se hayan certificado unos 1.500 fallecimientos y varios miles de heridos en diverso grado, sin contar las decenas de miles de compatriotas que están ahora en la calle, sin medios de subsistencia -especialmente en el estado La Guaira- o llorando la pérdida de seres queridos (fallecidos o desaparecidos)»
Mi más sentido pésame y abrigo solidario para los familiares y amigos de tantas víctimas, y en general a nuestro sufrido traicionado pueblo que llora, pero se empina por encima de las dificultades cin una capacidad de resiliencia increíble, que el mundo entero admira y acompaña.
«Desde Caracas, cuna del Libertador Simón Bolívar, agradecemos profundamente tantas expresiones de solidaridad venidas de todas las latitudes del planeta. Esta noble «Patria de Libertadores» que es Venezuela -siempre solidaria con los pueblos en lucha y en dificultades de diversa naturaleza-, reconoce y agradece las ayudas materiales y humanas enviadas desde decenas de países»
Desde Caracas, cuna del Libertador Simón Bolívar, agradecemos profundamente tantas expresiones de solidaridad venidas de todas las latitudes del planeta. Esta noble «Patria de Libertadores» que es Venezuela -siempre solidaria con los pueblos en lucha y en dificultades de diversa naturaleza-, reconoce y agradece las ayudas materiales y humanas enviadas desde decenas de países. A todos, nuestra gratitud sincera, en este tiempo de dominación colonial imperialista y debilidad institucional, economica y moral, por las razones expuestas.
Venezolanas y venezolanos sabremos superar tanto dolor y sufrimiento:
Lo logramos después de la cruenta guerra por la Independencia Nacional, entre 1811 y 1821, y de la subsiguiente guerra continental anticolonial que llevó libertad a los territorios que hoy ocupan Panamá, Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia, gesta histórica que contrasta con la entrega colonial-imperialista de hoy.
Superamos los devastadores efectos de la Guerra Federal, de 1859 a1864; y también, nos erigimos por encima de los terremotos en Caracas, de 1812 y 1967, igual que de los ocurridos en Mérida, Tocuyo, Cumaná o Cariaco, entre otros.
«Hoy en Venezuela, no hay espacio para la demagogia politiquera, ni de «gobierno» ni de «oposición»: ¡respeten el dolor y el sufrimiento de esta Patria de Libertadores, saqueada, traicionada y humillada!»
El 15 de diciembre de 1999, sufrimos el también devastador «deslave de Vargas», ocurrido precisamente en territorio del hoy vuelto a ser duramente afectado, estado La Guaira. Lo íbamos superando, a pesar de la corrupción y otros dislates administrativos, pero se imponían el gran corazón, los sueños y el vigor del pueblo guaireño, al que debemos rendir la solidaridad posible en este nuevo tránsito de dolor y angustia infinitos. A mis queridos amigos y amigas del estado La Guaira, mi sincero amor patrio, tan sentido por los verdaderos hijos de Vargas. Toda mi solidaridad.
Hoy en Venezuela, no hay espacio para la demagogia politiquera, ni de «gobierno» ni de «oposición»: ¡respeten el dolor y el sufrimiento de esta Patria de Libertadores, saqueada, traicionada y humillada!


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