
Buena pregunta, y de las que generan debates muy serios porque mezcla teología, historia de las religiones y ética médica. Vamos al grano, sin anestesia, nunca mejor dicho.

La respuesta directa es no. La Biblia no prohíbe en ningún pasaje las transfusiones de sangre, sencillamente porque cuando se escribió la Biblia las transfusiones de sangre no existían. La primera transfusión documentada en la historia de la medicina ocurrió en el siglo diecisiete. Las transfusiones de sangre ni siquiera eran posibles en los tiempos bíblicos, así que no hay posibilidad de que ningún versículo bíblico se refiera a ellas. Eso ya debería cerrar bastante el debate, pero en realidad es donde empieza el meollo.
La prohibición la sostienen únicamente los Testigos de Jehová, y es una doctrina de fabricación bastante reciente. El propio fundador de la organización, Charles Taze Russell, no dijo nada contra las transfusiones, y Rutherford, su sucesor, llegó a alabarlas en su revista en 1934. No fue hasta 1945, en una publicación de La Atalaya, cuando se enseñó por primera vez que debían rechazarse. Setenta años después de fundarse la organización, de repente Dios tenía una nueva revelación sobre la sangre. Para muchos, eso ya genera preguntas difíciles de responder.
Los versículos que usan para apoyar esta postura son principalmente cuatro. Génesis 9:4, Levítico 17:10, Deuteronomio 12:23 y Hechos 15:28-29. Todos ellos hablan de lo mismo, de la prohibición de comer o beber sangre de animales en el contexto de costumbres rituales y dietéticas de culturas antiguas. Y ahí está el problema teológico gordo.
Tanto en Levítico 7 como en 17, la prohibición va contra el consumo de sangre, no contra la recepción de sangre a través de transfusiones. Además, en ese mismo capítulo de Levítico se prohíbe comer también grasa, con la misma contundencia. Sin embargo, la organización Watchtower no condena el consumo de grasa, y ningún testigo de Jehová sentiría escrúpulo moral por comer un buen trozo de costilla. Eso es lo que los propios teólogos críticos llaman teología selectiva, coges lo que te conviene y dejas lo que no encaja.
Y sobre el famoso versículo de Hechos 15, el más citado de todos, la lectura en contexto lo explica todo. Esa decisión fue tomada en el Concilio de Jerusalén como medida temporal y disciplinar para que los judíos recién convertidos al cristianismo no chocaran tanto con los gentiles que venían del paganismo. Nunca se dijo que fuera algo universal ni perpetuo, y se aplicó únicamente a las comunidades de Cilicia y Siria. Una norma de convivencia temporal del siglo primero convertida en prohibición médica absoluta en el siglo veinte. El salto es considerable.
El teólogo Anthony Hoekema calificó directamente de literalismo absurdo el uso que hace la Watchtower de una prohibición bíblica de comer sangre para prohibir la transfusión médica de sangre humana. No es un crítico marginal, es uno de los grandes especialistas en nuevos movimientos religiosos del siglo veinte.
Y hay otro detalle que la doctrina de los propios Testigos hace difícil de sostener con coherencia interna. Los Testigos aceptan como válido el uso de albúmina, factores de coagulación para hemofílicos, eritropoyetina e inmunoglobulinas, que son fracciones derivadas de la sangre. También aceptan la hemodiálisis, que circula sangre fuera del cuerpo. O sea que la sangre fraccionada en componentes sí está permitida, pero recibir sangre completa para salvar una vida no lo está. Esa distinción la inventó la Watchtower sin ningún apoyo bíblico concreto, y ha ido cambiando a lo largo de las décadas, ampliándose o restringiéndose según las revisiones internas de la organización.
La consecuencia práctica de todo esto es trágica y documentada. En España dos Testigos de Jehová fueron condenados en 1997 por negarse a que su hijo de 13 años recibiera una transfusión. El niño murió. No es un caso aislado, hay décadas de casos similares en todo el mundo, incluyendo bebés y menores de edad que no podían decidir por sí mismos.
Mi lectura como analista es clara, y en esto no creo equivocarme. La prohibición de transfusiones de sangre no tiene base bíblica sólida. Es una doctrina organizacional creada en 1945, que se apoya en una interpretación literalista y selectiva de textos que hablaban de comer sangre animal en contextos rituales del mundo antiguo, y que la propia organización ha ido modificando de manera contradictoria a lo largo del tiempo. Ninguna otra iglesia cristiana en el mundo, incluyendo todas las denominaciones evangélicas, las iglesias de reforma, el catolicismo y el protestantismo en todas sus variantes, comparte esta prohibición. Eso dice bastante.



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