¿De dónde nace el islam?

Filosofía y Religión15 de julio de 2026Agencia AlfayaracuyAgencia Alfayaracuy

 

Agárrate, que vienen curvas, que te voy a contar la verdad de dónde nace el islam, y no, no fue en una cueva de La Meca con un ángel dictando en perfecto árabe clásico a un profeta analfabeto. Esa es la leyenda. La historia, la que se extrae de la arqueología, de los manuscritos y del análisis lingüístico más puntero, es bastante más terrenal, más política y más humana. Y te la voy a contar sin paños calientes, porque el nacimiento del islam es una de las historias más fascinantes y peor contadas de la Antigüedad tardía.

 

Lo primero que tienes que quitarte de la cabeza es que el islam surgió de la nada en el desierto arábigo. No fue así. El islam nació en un caldo de cultivo riquísimo, en una Arabia que no era un páramo aislado, sino un hervidero de comercio, de ideas y de religiones. La península arábiga en el siglo VII era un cruce de caminos entre el Imperio bizantino, el Imperio sasánida y el reino de Aksum, en la actual Etiopía. Por sus rutas comerciales no solo transitaban especias y seda, sino también ideas teológicas. El cristianismo, en sus múltiples variantes, muchas de ellas heréticas para Bizancio, estaba muy presente. El judaísmo también, con comunidades asentadas en oasis como Yatrib, la futura Medina. Y el zoroastrismo persa, con su dualismo entre el bien y el mal, era la religión oficial del otro gran imperio del momento. El Corán no baja del cielo en un desierto virgen. Surge en un entorno saturado de debates teológicos sobre la naturaleza de Dios, el fin del mundo y la salvación.

 

La figura de Mahoma es, para la fe islámica, el profeta definitivo. Pero la evidencia histórica sobre su vida es sorprendentemente tardía. Las fuentes más antiguas que mencionan a Mahoma no son musulmanas. Son cristianas. El 15 de febrero de 636, apenas cuatro años después de la muerte del profeta, un monje cristiano anónimo escribió en siríaco una crónica donde menciona a un profeta árabe que predica el monoteísmo y lidera a su pueblo en una guerra santa. Esa es la primera referencia histórica al islam fuera de la tradición islámica. Pero no habla de una nueva religión, sino de una herejía monoteísta más. Las monedas acuñadas por los primeros califas, como Muawiya, en la década del 660, muestran figuras humanas y símbolos cristianos, no inscripciones coránicas. La famosa doble shahada, No hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta, no aparece en las monedas hasta el califa Abd al-Malik, en la década del 690. Eso significa que durante al menos sesenta años tras la muerte de Mahoma, la nueva religión aún estaba definiendo su identidad.

 

El verdadero nacimiento del islam como lo conocemos no se produjo en La Meca, sino en Damasco y Jerusalén. Fue bajo el califato de Abd al-Malik, entre el 685 y el 705, cuando se construyó la Cúpula de la Roca, el primer monumento islámico, y se fijaron los textos sagrados y la imagen pública de la nueva fe. La Cúpula de la Roca, terminada en el 691, contiene inscripciones coránicas que proclaman la unicidad de Dios y niegan la Trinidad cristiana. Aquello no era solo un monumento religioso, era un desafío directo al Imperio bizantino, una declaración de independencia teológica. El islam dejó de ser una secta árabe para convertirse en una religión imperial.

 

La arqueología, mientras tanto, ha demolido el mito de una Arabia pagana hasta el siglo VII. El 20 de marzo de 2025, un equipo de la Universidad de Oxford y el Instituto Arqueológico de Kuwait publicó en la revista Antiquity el hallazgo de un monasterio cristiano nestoriano en la isla de Failaka, en el Golfo Pérsico, datado en el siglo VI. Las inscripciones en siríaco demuestran que había comunidades cristianas organizadas a pocos cientos de kilómetros de La Meca. Y en 2023, un estudio de la Universidad de Notre Dame analizó inscripciones preislámicas en el sur de Arabia y descubrió que el monoteísmo, con un dios llamado Alá o Rahman, ya era dominantes en la región siglos antes de Mahoma. El islam no inventó a Alá, ya existía como un dios creador venerado por los árabes, incluso por los politeístas.

 

Ahora dime, quién gana realmente con este relato. Porque aquí, como siempre, la historia la escriben los vencedores.

 

CUI BONO. El primer gran ganador fue el califato omeya, que necesitaba una ideología unificadora para mantener unido un imperio que se extendía desde Hispania hasta la India. Fue bajo Abd al-Malik cuando se forjó la imagen oficial del profeta, se compiló el Corán y se eliminó físicamente cualquier versión alternativa. El segundo gran beneficiario fue el propio Mahoma, que pasó de ser un líder local a un profeta universal gracias a la pluma de sus sucesores. El tercer ganador es la tradición islámica ortodoxa, que ha logrado mantener el relato de la revelación inalterable durante siglos, a pesar de las evidencias.

 

Pero para entender la verdadera magnitud de este nacimiento, hay que desclasificar lo que los manuscritos y las investigaciones más recientes han ido revelando.

 

DESCLASIFICADO. Los manuscritos de Saná, descubiertos en Yemen en 1972, contienen un Corán primitivo que no coincide exactamente con el actual. El análisis de carbono-14 demostró que el pergamino es de entre el 568 y el 645 d.C., pero el texto tiene variantes que indican que el Corán no fue fijado hasta mucho después.

 

DESCLASIFICADO. Las monedas de los primeros califas, como Muawiya, acuñadas en la década del 660, muestran imágenes del califa con una cruz y una espada, un sincretismo religioso que indica que el islam no se había definido como una religión separada del cristianismo hasta décadas después.

 

DESCLASIFICADO. El profesor Fred Donner, de la Universidad de Chicago, sostiene que el islam primitivo fue un movimiento ecuménico que incluía a judíos y cristianos monoteístas, y que solo se convirtió en una religión separada bajo la presión de la expansión imperial y la necesidad de diferenciarse de Bizancio.

 

Hoy, la verdad está desclasificada y blindada sin opción a réplica. El islam nació en una Arabia repleta de judíos, cristianos y monoteístas, fue moldeado por la política imperial de los omeyas y alcanzó su forma definitiva en Damasco y Jerusalén, no en La Meca. La próxima vez que alguien te hable de la revelación divina en una cueva, recuerda que la historia la escriben los vencedores, y que los vencedores, en este caso, fueron unos califas muy listos que supieron construir una de las religiones más poderosas del planeta. Expediente blindado y cerrado.

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