
Experto Joaquín Benítez calcula que más de 60 % de los escombros de La Guaira pueden ser reciclados

A la desolación generada por los terremotos se une, ahora, la incertidumbre por el impacto ambiental de un elemento presente en la zona cero: los escombros. La idea del mar como basurero.
“Disponer los escombros en el mar trae varias varias consecuencias”, explica el profesor Joaquín Benítez, director de sustentabilidad ambiental de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Si lo resumiera en pocas frases, el experto diría que se genera un problema ambiental de importancia al incorporar estos elementos al sistema marino.
Por una parte, se altera la línea de costa y el fondo marino cercano a la costa, “lo que altera la dinámica sedimentaria; es decir, el balance de los sedimentos que llegan o que se retiran por acción de las olas, y eso puede modificar luego la línea de costa en otros sectores de vecinos al lugar donde se incorporen estos escombros”.
Los escombros, además, están asociados con tóxicos y productos como aceites y grasas, solventes, restos de pintura y otros elementos “que modifican el pH; es decir, el nivel de acidez o de alcalinidad de las aguas, y eso también tiene sus consecuencias”.
La suma de estos factores afecta el ecosistema marino, “afecta las cadenas tróficas, afecta al plancton, al fitoplancton y, en consecuencia, a toda la cadena, a todos los elementos que se ubican en esa cadena trófica, lo que debilita los ecosistemas”.
Pero también, señala Benítez, se afecta la calidad del agua “por los propios sedimentos, por la propia tierra”, ya que “la propia arena que se incorpore va a enturbiar el agua y va a afectar algunos procesos ecológicos que allí se dan y para los cuales es necesario que el agua esté sin sedimentos y que pueda penetrar la luz solar”.

Contaminados
Los escombros cargan consigo la contaminación del proceso que han experimentado. “En los edificios, en las casas, en los centros comerciales, en los locales comerciales e industriales que resulten afectados y que colapsen hay muchos elementos que pueden contaminar a los escombros”, refiere Benítez.
Por ejemplo, “si pensamos en un edificio residencial, en el estacionamiento del edificio hay vehículos, y al colapsar el edificio, los vehículos también colapsan, los vehículos se rompen y dejan escapar aceites, dejan escapar combustible”.
Los locales afectados “que tienen productos que comercian con solventes, pinturas y otras sustancias que tienen uso industrial” también “intoxican” los escombros.
El mejor manejo
Hay algunas pautas para hacer la mejor gestión de los escombros. “Deben caracterizarse primero en el sitio, reconocerlos en el sitio, tratar de identificar de qué tipo de edificación provienen para tratar de establecer escenarios de posible contaminación”, describe.
La mayor cantidad posible de escombros debe ser colocada en sitios de almacenamiento temporal, para su revisión y procesamiento. No cualquier lugar puede servir como almacenamiento temporal, aclara Benítez. ¿Cuáles son los criterios para ubicarlos? “Deben estar alejados del mar, deben estar alejados de ríos y de otros cursos de agua, deben estar relativamente lejos de población y deben tener suelos impermeables”.

En los sitios de almacenamiento temporal se procesan los escombros para darles un destino dependiendo de sus características y su composición. El profesor de la UCAB propone tres posibilidades:
- Al menos 60 % puede ser empleado como material para el reciclaje. Los elementos de concreto y mampostería se pueden usar como gravilla y aglomerados. “Los metales también se pueden recuperar, refundir y y volver a utilizar”. El objetivo de reciclarlos “es precisamente apoyar las labores de reconstrucción y aprovechar que están en las zonas que requieren ser reconstruidas”.
- La mampostería contaminada, los lodos generados en los sitios del colapso y que también estén contaminados “deben ser neutralizados, estabilizados y dispuestos”. El almacenamiento temporal debe hacerse en instalaciones seguras, que no queden a la intemperie y que no puedan ser vertidos de nuevo. “Algunos de ellos deben ser incinerados en grandes hornos incineradores, como los hornos de las cementeras.
Texto y fotos: Vanessa Davies


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